¡Ataque samurai!
Japón goleó 4 a 0 a Túnez, que se despide de la Copa del Mundo
Emmanuel Campa / Reuters
Monterrey
La gran fiesta japonesa que comenzó muchas horas antes en diferentes puntos de Nuevo León fue llevada a la cancha muy rápidamente con el gol de Daichi Kamada, apenas al minuto cuatro, para poner la ventaja y llevar al punto de ebullición a una afición japonesa que desde mucho antes del silbatazo inicial ya estaba celebrando.
La afición regiomontana se mimetizó con los asiáticos y, en una mezcla de culturas encabezada por un grupo de japoneses, hizo que buena parte del estadio gritara “Dale, dale, ni ni Nipón”, mientras miles de seguidores vestidos de azul convertían las tribunas en territorio samurái.
La presencia de la princesa Hisako de Takamado, invitada especial para el encuentro que alcanzó el partido mil de los Mundiales, terminó por darle un toque todavía más especial a una noche que ya tenía reservado un sitio en la historia.
Dentro de la cancha, Japón fue ampliamente superior desde el primer minuto. Incluso antes del gol reclamó una posible falta dentro del área sobre Ayase Ueda que el árbitro rumano István Kovács decidió no señalar. La respuesta japonesa fue inmediata.
Kamada abrió el marcador al minuto cuatro con un remate dentro del área chica y desató una celebración que pareció más propia de una localía que de una selección visitante. Los japoneses dominaron la posesión, presionaron cada salida tunecina y encontraron espacios por todos los sectores del campo.
La ventaja aumentó al minuto 30 gracias a una genialidad de Ayase Ueda. El delantero condujo desde media cancha, aceleró al llegar al área y sacó un potente disparo cruzado que se metió pegado al poste para firmar uno de los mejores goles de lo que va del torneo.

Para entonces el encuentro ya era completamente japonés. Túnez apenas conseguía salir de su propio campo y el arquero Zion Suzuki pasaba largos periodos como un espectador más dentro del terreno de juego.
El complemento tuvo menos intensidad futbolística, pero más color en las tribunas. La ola recorrió varias veces el Estadio Monterrey mientras japoneses, regiomontanos y aficionados de otras nacionalidades compartían una celebración que parecía más una fiesta cultural que un partido de futbol.
Poco después apareció el Cielito Lindo. Miles de voces entonaron la tradicional canción mexicana y los seguidores japoneses se sumaron al momento, en una imagen que reflejó el vínculo que se creó entre la afición asiática y la ciudad durante su estancia en Nuevo León.
Japón retomó el protagonismo ofensivo en el tramo final. Al minuto 68, Ayase Ueda levantó la cabeza y encontró el movimiento de Junya Ito, quien recibió un pase bombeado perfecto para enfilarse al área y definir el 3-0.
La goleada quedó sellada al minuto 83. Tras una larga secuencia de toques, los japoneses desarmaron nuevamente a la defensa tunecina y Ueda apareció dentro del área para conectar un cabezazo bombeado que firmó su doblete y el definitivo 4-0.
La fiesta fue tan grande que al minuto 76 el sonido local confirmó el lleno absoluto para el partido número mil en la historia de la Copa del Mundo, una cifra que terminó por redondear una noche histórica para Monterrey.
Túnez no tendrá un buen recuerdo de su paso por la ciudad. Se marcha con dos derrotas, nueve goles recibidos y apenas uno anotado. Además, el cambio de entrenador realizado tras la goleada sufrida ante Suecia tuvo poco impacto y dejó a las Águilas de Cartago matemáticamente eliminadas del torneo.
Con el triunfo, Japón llegó a cuatro puntos y una diferencia de goles de +4, la misma que tiene Países Bajos. Los neerlandeses conservan el liderato del grupo gracias a la mayor cantidad de goles anotados, mientras los asiáticos se mantienen muy cerca de la cima.
Los samuráis azules cerrarán la fase de grupos en Arlington frente a Suecia, mientras estarán pendientes de lo que ocurra entre Países Bajos y Túnez en Kansas City. Después de lo mostrado en Monterrey, Japón ya no parece solamente un invitado incómodo: empieza a perfilarse como una selección capaz de preocupar a cualquiera en las rondas de eliminación directa.