Sangre de Cristo, el 'otro' panteón de leyenda de Guanajuato
Decenas de familias honrando a sus mineros en el cementerio del siglo XIX
Andrés Guardiola
Guanajuato
Todavía en pleno siglo XXI el cementerio de Sangre de Cristo sigue en funciones y es uno de los 26 camposantos que se tienen registrados en el Municipio de Guanajuato.
Sangre de Cristo parece una fortaleza. Un muro de piedra rodea el cementerio y lo levanta por sobre la colina en donde se localiza. Unos 25 árboles proveen de sombra al predio, algunos de ellos con más de 100 años de antigüedad.
Este cementerio tiene como carta de presentación un elegante portal en cantera de estilo neoclásico, muy similar al que engalana la entrada del emblemático Panteón de Santa Paula, aquél de la Ciudad de Guanajuato en donde tienen su origen las míticas momias, los cuerpos áridos de fama mundial.

La lápida más antigua data de 1861, el mismo año en el cual fue abierto el Panteón de Santa Paula. A otras ya no se les distinguen ni los nombres, porque el tiempo los ha borrado.
Decenas de familias de las comunidades aledañas han llegado al camposanto para recordar a sus familiares y amigos, limpiar sus tumbas y pasar así el Día de Muertos. Se trata de gente que habita la misma comunidad rural de Sangre de Cristo, e incluso quienes habitan en el poblado de Mineral de La Luz, de donde se extraía oro a raudales, hasta mediados del siglo XX.

Coronas y ramos de flores, veladoras, botellas de alguna bebida alcohólica, comida, fotografías, y en algunos casos hasta juguetes, son algunas de las ofrendas para la gente del más allá, y que todavía habita en los recuerdos de quienes están en este plano existencial.
La postal es impresionante, toda vez que al suroeste del camposanto puede verse la enorme estatua de Cristo Rey coronando al Cerro del Cubilete.
“No cualquiera puede venirse a enterrar aquí. Aquí es solamente para nosotros”, advirtió Pablo, uno de los habitantes de Mineral de La Luz que llegó para hacer trabajos de albañilería en una de las tumbas, algunas tan humildes que carecen de lápida, y solamente sobre un montículo de tierra blanden una cruz de herrería.