Al menos cuatro soldados estadunidenses heridos en la guerra contra Irán han sido identificados como de origen mexicano, según datos oficiales del Pentágono difundidos en el marco de la operación militar en curso. La confirmación evidencia la participación indirecta de comunidades migrantes dentro de las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Las cifras forman parte del reporte del sistema de análisis de bajas del Departamento de Defensa, que detalla el impacto humano de la llamada “Operación Furia Épica”, iniciada hace cinco semanas. Hasta ahora, el balance incluye 13 militares estadounidenses muertos y cientos de heridos en distintas ramas del ejército.
El informe no especifica identidades ni rangos de los soldados de origen mexicano, pero confirma su pertenencia al Ejército de Estados Unidos, el componente con mayor número de bajas dentro del despliegue militar.
Estados Unidos plantea aumento histórico en gasto militar en medio de guerra con Irán
Soldados mexicanos en filas estadunidenses
De acuerdo con el Pentágono, el Ejército concentra 247 de los 365 militares heridos en la guerra. A estos se suman 63 elementos de la Armada, 19 de la Infantería de Marina y 36 de la Fuerza Aérea. Dentro de ese universo, al menos cuatro soldados heridos han sido clasificados como mexicanos, mientras que otros tres figuran como hispanos.
El reporte también detalla que, de los 13 militares fallecidos, siete pertenecían al Ejército y seis a la Fuerza Aérea. Estas cifras no incluyen incidentes recientes, como el derribo de un caza F-15 en territorio iraní, ocurrido en las últimas horas.
En ese episodio, uno de los tripulantes fue rescatado con vida, mientras continúa la búsqueda del segundo piloto, cuya situación no ha sido confirmada oficialmente.
La presencia de soldados de origen extranjero en las fuerzas armadas estadounidenses no es inusual, pero en este contexto resalta por el alcance del conflicto y la intensidad de las operaciones en Medio Oriente.
Más allá de su nacionalidad de origen, estos militares forman parte de una estructura que ha intensificado su actividad en las últimas semanas, en medio de una escalada que no muestra señales claras de desescalada.
Este sábado se cumplen cinco semanas desde el inicio de la guerra, que comenzó el 28 de febrero con una serie de ataques coordinados contra objetivos iraníes. Desde entonces, la confrontación ha evolucionado hacia un escenario de alta tensión regional, con intercambios constantes de ataques y advertencias.


