¡Pumas a la final!
Pumas anotó a balón parado el gol que empató el marcador global, y dada su posición, pasó a la Gran Final; Pachuca se cansó de fallar
Staff
Ciudad de México
Antes del gol había ansiedad. El partido se cocinaba lento, espeso, atrapado en la tensión de un 0-0 que le daba vida al Pachuca y llenaba de nervios al Olímpico Universitario.
Cada minuto pesaba más. Cada jugada parecía insuficiente. Y entonces apareció Carrillo para romper el silencio con una de esas estampas que cada vez son más raras en el futbol moderno: un gol de tiro libre.
La pelota superó la barrera con sutileza, besó el poste y terminó dentro del arco. Lo que hasta entonces era preocupación se convirtió en euforia. El Olímpico Universitario estalló como si hubiera esperado años enteros para liberar esa emoción acumulada.
Fuegos artificiales, humo de colores, globos y pirotecnia acompañaron la fiesta de unos Pumas que vencieron 1-0 al Pachuca y sellaron el pase a la final con el 1-1 global. Su gente respondió como nunca.
Fueron 46 mil 106 aficionados los que llenaron el estadio, incluso más que en la serie contra el América. Nadie quiso perderse la noche en la que los universitarios volvieron a sentirse candidatos reales al título.
UNA FINAL HISTÓRICA CONTRA CRUZ AZUL CUATRO DÉCADAS DESPUÉS
Y ahora el destino les pone enfrente una historia que parecía guardada en blanco y negro. Pumas y Cruz Azul volverán a disputar una final más de cuatro décadas después. La herida de la temporada 1980-81, cuando los cementeros derrotaron a los felinos, reaparece inevitablemente. Aunque también vuelve a la memoria aquella final de 1978-79 en la que los universitarios les arrebataron el campeonato.
La capital del país se paralizará con un duelo entre dos de los equipos más sólidos del torneo. Y mientras eso llega, en el Olímpico Universitario todavía resuenan los ecos de aquella pelota de Jordan Carrillo que abrió la pista de baile para una fiesta que Pumas no piensa dejar de bailar.